0.1. La pregunta por el deseo

Si algo caracteriza al deseo es su insistencia por arrancarle a la vida un minutito más

A fecha de hoy comienzo este blog, un blog con el que quiero compartir mi interés por el deseo y la identidad. Lo empiezo ahora que he finiquitado un largo viaje por las rutas del deseo. Durante el tiempo que duró, me adentré en parajes de orografía difícil y diversa. A veces caminé por paisajes estériles, doblado por el peso de la incertidumbre y la inanidad. Fueron jornadas tediosas y desesperantes que me hicieron dudar y retroceder. Menos mal que los pequeños oasis que encontré, en los que bailé al son de la música que tocaban las ideas y las palabras, me animaron a seguir y no desfallecer.

Ahora toca ordenar el material acumulado y compartirlo.

La pregunta por el deseo no es nueva ni extraña. La oímos, la vemos, la olemos, la tocamos, la degustamos a diario en las canciones de nuestra playlist, en las novelas, en las películas, en el patio de butacas de los cines, tras las paredes, en la barra de los bares, en las habitaciones de los hoteles, a escondidas, a plena luz del día, a medianoche, a mediodía, en callejones recónditos y oscuros, detrás de la puerta de cualquier rincón que imaginemos o delante de nuestras narices… Y venimos oyéndola desde muy antiguo, allá cuando se encontraron pregunta y curiosidad en el cerebro y en el alma de nuestro predecesor, mi ancestro preferido. Desde entonces, las cosas empezaron a ser diferentes, de tal modo que lo que simplemente era, dejó de ser tan simple. A partir de este encuentro, fruto de la conjunción del azar, la repetición y la evolución, andamos un poco a la greña, amándonos y odiándonos sin parar; así somos de intensos.

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