1.6. El misterio de la Gioconda.

Las cosas nunca son de una vez sino en función de algo, y en ese algo siempre hay un cachito de desconocimiento. Este cachito es tanto o más valioso que lo que conocemos, y lo es por varios motivos:

Uno, porque no saber invita a seguir.

Dos, por el valor que adquieren las cosas cuando lo desconocido se muestra y se esconde a la vez; la Gioconda es un buen ejemplo. De ella apreciamos algo que nadie sabe lo que es, pero eso que apreciamos está ahí y da para hablar y escribir mucho.

Aquí entra en juego el tercer motivo: el misterio. Si bien lo que pasa con la Gioconda pasa con la vida en general, la diferencia estriba en que Gioconda hay una y concentra todo el interés y lo que ocurre a diario pasa desapercibido porque sucede muy a menudo y a todos. Se necesita una buena dosis de curiosidad para apreciar en el pequeño detalle la magia que esconde lo cotidiano.

Todo depende de algo, siempre. Nada hay que pueda considerarse un valor en sí mismo. De aquí las dos premisas con las que trabajo, que son las referencias que guían el contenido de este blog: una dice que «nada es fuera del contexto del que surge»; la otra, que «el Universo ya existía antes de que germinara la semilla de la vida y que somos parte de su desorden y organización, de sus leyes y procesos, de sus misterios y evolución».

Lo que plantean estas dos premisas tendemos a obviarlo cuando hablamos de evidencia científica en Salud Mental. Al margen de las inferencias teóricas, ideológicas y prácticas y de la enorme cantidad de circunstancias y de contextos, la supuesta evidencia en Salud Mental es fruto, además, del consenso promovido por el «comité de sabios» correspondiente, el cual también responde a intereses teóricos, económicos e ideológicos y decide presionado por ellos.

La segunda premisa permite contextualizar el desarrollo humano en el marco de la evolución del Universo y de la Naturaleza, de los que surgimos y de los que formamos parte por más que nos hayamos diferenciado de los otros seres.

Esta segunda premisa tiene un enorme valor estratégico a la hora de afrontar esta reflexión ya que resitúa lo que somos y hacemos en el marco referencial que corresponde, fuera de las dualidades cultura-naturaleza, mente-cuerpo, materia-espíritu, fe-razón, dualidades que damos por buenas y que confundimos con la realidad a fuerza de mantenerlas desdobladas y enfrentadas, como si unas fueran extrañas a las otras. La consecuencia más palpable de este ejercicio equívoco es la de situarnos fuera de límite, fuera de contexto, fuera de la Naturaleza, en un plano de excelencia gratuito.

Así somos de vanidosos y engreídos.

Teniendo en cuenta estas premisas, planteo algunas interrogantes: ¿de dónde surgen las palabras que sostienen las ideas que expresan lo que sentimos? ¿Surgen de la nada o de las conexiones neuronales que se han forjado a partir de las experiencias vitales y emocionales y de las capacidades que porta nuestro hardware genético? ¿Los patrones de respuestas por los que nos reconocemos y somos reconocidos son generados por patrones de asociaciones neuronales que tienden a reconducir la energía nerviosa por una vías y no por otras? ¿Qué son las palabras desde el punto de vista neurológico, bioquímico, físico, simbólico, significante…? ¿Qué hace que los patrones de respuesta se vean interferidos al ser alterados los patrones neuronales por la incidencia de energía nerviosa extraña? ¿De dónde procede y por qué esa energía nerviosa extraña interfiere los canales asociativos recurrentes? ¿Esa energía extraña está asociada a los fantasmas que habitan el inconsciente y a los residuos heredados de ellos? ¿Es el inconsciente una especie de mosca cojonera que remueve el deseo allí donde las telarañas tejen sus redes mortales para devorarlo, a pesar incluso del dolor que provoca?

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