1.13. ¿Hablaríamos de una suerte de reencarnación natural?

La evolución implica cambios y los cambios se producen a partir del cuestionamiento de lo que hay, de las referencias establecidas y de las costumbres, que son las que aportan conocimiento e identidad.

Por su parte, las referencias dibujan imaginariamente el marco de certidumbres, que sirven para orientarnos en el espacio y en el tiempo. No es ninguna tontería saber que mi amigo Andrés, el de la panadería, está ahí todos los días al pie del cañón, que dos más dos son cuatro y que mi novia Conchi es mi novia Conchi, se vista como se vista o se pinte el pelo, hoy de verde y mañana de azul.

Las referencias tienen el efecto de aportar consistencia a lo que no pasa de ser mera ilusión. Sí, aunque suene extraño, aunque parezca esto que digo un juego de palabras, porque sé que Andrés y Conchi están ahí y son, pero también sé que serían otra cosa si en vez de ser tú o yo fueran un perro, una lagartija, un mosquito, una ameba, una bacteria o un alienígena los que los ven o interactúan con ellos.

Quiero decir que, tras esta apariencia de realidad filtrada por nuestras posibilidades sensibles e intelectivas, existe todo un universo extramuros de desconocimiento, equiparable en proporción al 95% del universo, del que no sabemos nada.

Las referencias son necesarias porque alientan la impresión de raigambre, pero son permanentemente cuestionadas por las nuevas generaciones, las cuales, trastocando las formas o, si lo prefieres, las tradiciones, hacen frente a la tendencia al inmobilismo de los que nos hacemos viejunos.

En fin, nada que ver con una actividad mecánica, unidireccional, nada que ver con los ciclos que impone la naturaleza. Es verdad que hemos salido de ellos, aunque no completamente. Por ahora seguimos siendo terrenales, no alienígenas, y esta condición nos sitúa al mismo nivel que al resto, pero un pelín a contramano, ya que no es la necesidad ni el instinto los que dinamizan nuestra existencia, sino el deseo, la pulsión, la palabra y el anhelo de saber qué, porqué, para qué, cómo, desde, hasta cuándo…

Lo que nos reúne con los otros seres y con la materia inerte es el hecho de formar parte de la transformación molecular que subyace al proceso de la vida. ¿Hablaríamos de una suerte de reencarnación natural que se resuelve entre los límites del Universo? Fuera como fuese, en cualquier caso, no deja de ser un enigma frente al cual muchos encuentran alivio en el anhelo de trascender la materia para reencontrarse con los dioses en un más allá que bien puede situarse en el Principio.

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Un pensamiento en “1.13. ¿Hablaríamos de una suerte de reencarnación natural?

  1. Que tal Juan, en medio de estas calores vuelvo a tu blog y me encuentro con los tres últimos apartados de la sección 1 que aparecen dedicados a la cuestión de los origines. Señalas allí esos elementos de la condición humana que la coloca en una posición tan incómoda con respecto a la condición natural de la que procedería «nuestro ancestro más primitivo»: nostalgia por un lado de un supuesto lugar donde podríamos participar de un orden definido y calculable, y evidencia constante por otro de que «todo en nosotros está programado para (…) buscar sentido en lo que está más allá de los sentidos». Buscarle los tres pies al gato como » pregunta insaciable».
    Desde que se tienen en cuenta estas cuestiones la pregunta por el origen entra de nuevo ( a pesar de Dios y de Darwing) en el contexto de lo enigmático. Es decir se convierte en un territorio donde el deseo vuelve a recuperar protagonismo como inventor de interrogantes y guía del pensamiento, abriendo un campo semántico donde caben las preguntas por el origen como urdimbre, trama de discursos parciales que nos sujetan al tronco genealógico, o reservorio constante, humus germinal donde estaría aún junto todo lo que luego va a diferenciarse, o definición de lo propio, lo original como lo más ajeno, lo más propiamente extraño, lo más siniestro. Y así sucesivamente. El deseo abre al pensamiento inagotables terrenos de juego, como ya nos has dicho.

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