3.7. La «bufanda» de Penélope.

Parecerá una tontería, pero merece la pena recordarlo. La ley se escribe con palabras dichas y acordadas. Es por ellas que es posible mantener el orden y el espíritu de convivencia. La palabra tiene el poder simbólico de comprometernos en un ordenamiento al que nos debemos y que nos protege. En tanto nos sentimos concernidos por ella, adquiere rango de ley.

La palabra que no se articula desacelera el latido de su pulsación. Mientras hiberna, el sujeto, que lo es por su ligadura a la palabra y al orden simbólico, se disuelve, se convierte en objeto sometido al goce propiciado por la ignorancia, por la queja, por los vaivenes del Destino.

Es verdad que al Destino nadie escapa, pero no es lo mismo vivir sometido a él que recrear la ficción de cierto dominio sobre el alcance de su influencia. Dicho de otro modo, no es lo mismo vivir fuera del sentido que vivir dentro tejiendo y destejiendo la urdimbre significante sin detenerse demasiado en el desenlace. A la «bufanda» de Penélope me remito.

Lo elidido no afecta solo al sentido, afecta a la estructura, de tal manera que lo no articulado ejerce, el caos ejerce. Debido a su influencia, lo articulado puede disgregarse. En este estado, cualquier intento por recrear una ficción posible se convierte en delirante.

¡Uf!, a ver como lo digo de una manera más cercana: el que calla otorga, y por ceder y no hablar habrá de asumir las consecuencias: «¿Ves?, te lo dije. ¿Y qué hiciste? Nada. Pues entonces, apechuga». Pero apechugar requiere vaciarse de orgullo y reorganizar el entramado que el psiquismo se ha montado para ordenar el mundo dentro de la cabeza. Ahora bien, mientras busca un nuevo equilibrio, sucederán cosas extrañas, y entonces nos quejaremos por nuestra mala cabeza, por perder las llaves a cada momento un día tras otro sin remedio, o haremos de ello un síntoma, por ejemplo, convertir la desesperación que nos produce esto inamovible en duda obsesiva, o algo más gordo, y entonces nos pondremos muy malitos y a nuestro mal le pondrán un nombre, que nos calmará un poco porque el diagnóstico, que es palabra de psiquiatra o de psicólogo especialista, dará sentido a lo que nos ocurre… En fin.

La palabra construye y sostiene a la Ley. La palabra alumbra el conocimiento y ordena. Cuando no encuentra sitio, el acto se apodera de todo el espacio, y el sujeto, enajenado porque no entiende nada, sufre las consecuencias, y las sufre como si cayeran sobrevenidas, como si nada tuviera que ver en lo ocurrido. Debido a esto, tampoco responde por ellas.

Las «patologías del acto», más concretamente, el «Trastorno Límite de la Personalidad», hacen caer al sujeto al agujero del sinsentido, lo enajenan de todo cuanto le sucede. Ahora bien, aunque cae al agujero, no cae al abismo que se abre tras el agujero. Lo que hace es agarrarse a su borde con todas sus fuerzas y mantener viva la ilusión por hacerse valer (en inglés, al Trastorno Límite de la Personalidad se les da el nombre de Borderline; literalmente, «línea fronteriza»; en este caso, entre las psicosis y las neurosis).

El sujeto neurótico, elude el agujero o lo vela mediante vías alternativas de sentido, aunque a veces, es verdad, tropieza con su borde y cae dentro. Esto de tropezar y caer nos ocurre a todos en momentos concretos. La angustia que sentimos entonces nos lo hace ver. Pero, a diferencia del Trastorno Límite, el sujeto neurótico puede saltar, salir y pisar de nuevo tierra firme; en ningún caso permanece dentro ni cae al abismo, que es donde habitan las psicosis.

Penélope lo tenía claro a pesar de estar asomada al agujero permanentemente. La «bufanda» que tejía de día y destejía de noche le permitía hacer oídos sordos y velar el sinsentido de su empeño, con el que lidió durante doce años con la promesa del encuentro esperado.

Tal vez se trate de esto, de «la promesa del encuentro esperado», promesa que se ha convertido en el eje espiritual que orienta la vida de muchos creyentes al encontrar en ella un aliciente para hacer frente a los sinsabores y al sufrimiento, que les caen como llovidos del cielo. 

Entrada relacionada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *