11.3. ¿Culpables?

El bebé no sabe. Mamá le mostrará poco a poco las palabras que dan nombre a las cosas, a los sucesos que están afuera y a lo que le ocurre cuando siente placer o es reclamado por una necesidad. Podría decirse que el bebé es literalmente hablado.

Ante una necesidad imperiosa, el bebé reacciona con una descarga masiva. La mamá responde aportando sus conocimientos y acogiéndole en el colchón anímico de su respuesta. De este modo, se establece un lazo entre estímulos endógenos y anímicos que determina la tipología de los aprendizajes ulteriores.

Al depender del arbitrio de mamá el acceso a los objetos, estos quedan marcados, ya lo vimos, con el rasgo del «don», es decir, por el valor añadido que aporta el hecho de responder allí donde cabe la posibilidad de no responder.

El lazo madre-hijo se extiende más allá de la madre, ya que en él se reproducen inconscientemente los esquemas generacionales de aproximación a la realidad. Los padres también fueron niños, efecto de las relaciones de deseo y afectivas de sus padres, y estos de las de los suyos, y así sucesivamente. Cada cual es un eslabón de la cadena generacional y corresponsable de la herencia recibida. De este modo, se transmite un molde entre generaciones, una marca o seña de identidad donde la familia se reconoce y es reconocida.

Utilizo los términos marca y huella —entendida como representación psíquica de la marca— como aquello que hace posible reconocer una tipología, un modo particular de ser y estar. Las investigaciones en el campo de las Neurociencias y la Etología, relativas a la génesis y desarrollo de funciones, conductas y aprendizajes, apuntan en la dirección de patrones prefijados genéticamente. Respecto al lenguaje, estos patrones se prefiguran en el periodo preverbal. Después, durante el «periodo crítico», según nos enseña la Etología, esta base se modula a través del habla por la intervención de los otros.

Podría decirse que el sistema nervioso está especialmente preparado durante el periodo crítico para realizar determinada función y alcanzar determinados aprendizajes. Pasado el mismo, dichas capacidades disminuyen, necesitándose un sobresfuerzo para lograrlo, y nunca con el mismo resultado.

En síntesis, el hardware neurológico del bebé es fruto de procesos evolutivos muy prolongados, en el que están implicadas un gran número de generaciones, y de exposición a situaciones diversas. Los padres le aportarán la marca familiar, un modo concreto de aproximación a la realidad y una idea de sí sobre la que asentará su identidad.

El bebé colma el deseo de mamá. Es importante que inicialmente sea así, ya que la madre es su fuente principal de conocimiento. Después, tendrá que romper esta ligadura y convertirse en usufructuario y transmisor de la herencia recibida. En este proceso recorrerá un amplio trecho en el complejo juego de los deseos. ¿Cómo lo hará? Vimos que el estado de fusión depende del ajuste al ideal de hijo para la madre y del esfuerzo de esta para gestionar la diferencia. En este sentido, sorprende la capacidad de algunas mamás para minimizar los aspectos menos agraciados del hijo; acto de ternura que se sostiene en el hecho de negar algo a la realidad para ajustarla al ideal; es decir, en negarle algo al hijo para hacerlo más acorde a la imagen que representa el ideal.

El ajuste o desajuste entre objeto y deseo determina la capacidad perceptiva del niño, la adecuación de su realidad a la realidad externa y la percepción que mantiene de sí y del mundo.

Ser aquello que colma a mamá también implica ser expresión de su falta radical. Mientras ocupe ese lugar de saturación, no podrá diferenciarse de ella. Se requiere entonces la intervención de un tercero que la reclame. Ahora bien, este reclamo no es sin consecuencias, ya que genera en el bebé una decepción fundamental, una frustración que lo destituye del lugar único y privilegiado que ocupa. Si él no es su objeto, mamá aparecerá en falta, y si él no lo es y mamá no lo tiene, entonces se sentirá amenazado —«amenaza de castración»—; ¿por qué?, ¿por quién?

¿Cómo resuelve el niño?: identificándose a aquél de quien proviene la amenaza, o sea el padre o su sustituto —«Significante del Nombre del Padre», en la terminología de Jean Jacques Lacan—. Mediante este mecanismo, el paso de mamá a otra cosa es posible. Hablamos del, tan traído y llevado, «Complejo de Edipo».

Los padres juegan un papel fundamental en la educación de los hijos. No parece útil para el análisis equiparar responsabilidad y culpa. Cada cual hace lo que puede con lo que le ha tocado y solo es responsable en la medida que afronta con las armas de su deseo la estela que marca ese ‘lo que puede’. Por ello entiendo la responsabilidad desde la perspectiva estrictamente subjetiva, esto es, ligada a la dinámica de los deseos de la que cada uno es producto.

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