12.4. La coraza muscular.

El cuerpo, sus órganos y funciones, y más concretamente el sistema muscular, registra la cualidad de las relaciones del bebé con el medio.

El cuerpo del bebé es una estructura flexible, que se modifica en función del modo que son atendidas sus necesidades, del desarrollo locomotor y de las experiencias vividas.

El grado de espasticidad muscular expresará el nivel de alerta frente al medio. El patrón de respuesta se apoya en una estructura semirrígida, o «coraza muscular» (ver el texto de Wilhem Reich, Análisis del carácter. Este concepto lo retoma Alexander Lowen en su texto Bioenergética), que reúne, entre otros, los siguientes elementos: la fuente del estímulo —su cualidad e intensidad— el nivel de tolerancia del sistema neurofisiológico —determinado por el umbral de carga—, la descarga motora sin objeto —como fuente añadida de tensión o como vía de descarga—, la demora al responder —como fuente de tensión—, la eficacia de la respuesta y la cualidad afectiva de la misma.

Los estímulos proceden de dos fuentes, interna y externa. En ambos casos pueden sobrecargar al sistema neurofisiológico. Ahora bien, la tolerancia a la sobrecarga no es la misma para todos los bebés. El propio organismo introduce ciertas condiciones previas que habrán de incidir sobre la mayor o menor perentoriedad exigida al adulto. La manera en que este responda a esta urgencia, su capacidad para tolerar el estrés, o la angustia en su caso, y sus consecuentes, perfilará la cualidad afectiva del vínculo entre ambos. No es lo mismo saber dar espacio al tiempo, que intervenir sumido en la impresión de catástrofe que introduce la percepción de su falta. No es lo mismo reducir la impronta de la urgencia mediante arrumacos, que tratar de reducir la necesidad con la impronta de la urgencia.

La descarga motora inespecífica no disminuye la tensión, sino que colabora en su aumento. Esto ocurre cuando el adulto no responde o la respuesta es ineficaz. La demora en la respuesta está al servicio, en un primer momento, de la sobrecarga y el desequilibrio de la homeostasis. Si a la falta de respuesta se suma la angustia, se establece un vínculo afectivo inseguro y amenazante. Puede hablarse, entonces, de situación de desamparo, prototípico de las situaciones traumáticas.

Ahora bien, si la demora se acompaña con palabras tiernas y arrumacos, se produce una deriva de la descarga, previa a la satisfacción de la necesidad. Las palabras y los arrumacos, entonces, se suman al circuito de la satisfacción, aliviando la sobreexcitación. Cabría pensar que generan la apertura de nuevos cauces de derivación de la tensión —nuevas vías de facilitación sináptica—, consiguiendo, de este modo, rebajar su concentración y reducir la agitación motora.

La cualidad afectiva de los cuidados maternos también obedece a un patrón. Al responder, cincela este patrón en los sistemas receptivos y de respuesta del bebé.

Si la dificultad de la madre afecta al modo habitual de afrontamiento de las situaciones de necesidad, el organismo del bebé se las apañará para buscar el equilibrio perdido, según el Principio de constancia, con los instrumentos a su disposición. ¿Cuáles? El bebé no dispone de los artilugios significantes necesarios para representarse las situaciones. Por tanto, toda sobreexcitación en el periodo preverbal habrá de producirse fuera de la conciencia, recayendo sobre el organismo la defensa de su homeostasis.

Muchos elementos se verán afectados, como el umbral de excitabilidad, la tolerancia a la frustración, la estructura muscular, que soporta la tensión, el estado de alerta, la irritabilidad de las mucosas implicadas y una prefiguración del otro basada en la desconfianza y la inseguridad.

Cuando la cabeza no está donde tiene que estar, es fácil desorientarnos y confundir a quienes nos rodean; si es el bebé, sus posibilidades para hacerle frente son nulas, repercutiendo sus efectos sobre los sistemas fisiológíco y muscular. En fin…

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