14.3. La tensión es fuente de vida.

La Naturaleza ordena los elementos y nosotros confiamos que este orden se reproduzca sin interferencias. El gesto de contar los deditos de manos y pies y constatar que están todos nos maravilla y tranquiliza. Comprobado que responde a lo establecido, solo queda buscar el nexo, el rasgo que incluya al recién nacido en el circuito generacional. El bebé, entonces, es troceado imaginariamente con el fin de encontrar en la nariz, en las orejitas, en los ojitos… al otro que se le parece (papá, mamá, el abuelo paterno, la tita materna…). De este modo, a partir de la identificación por el rasgo, se lo incorpora a la familia.

Sobre el cuerpecito del neonato, al que suponemos tranquilo y dormido después de pasar por el mal trago del trauma del nacimiento, habrá momentos que presione una tensión, que tiene el efecto de desequilibrar su organismo.

La tensión forma parte de la vida. Tras el nacimiento, tensión y alivio de la tensión no se superponen, como ocurría cuando el bebé estaba unido al caudal sanguíneo de la mamá. El neonato tiene que aprender a sobrellevar esta dicotomía y a hacer algo con los excedentes, como reajustar el límite a partir del cual la carga se convierte en intolerable, o derivarla, vía facilitación neuronal, hacia la consecución de un propósito diferente, colateral y asociado.

Volvamos a la maqueta y fijemos nuestra atención en la segunda circunferencia, la que insertamos en la primera. Esta circunferencia representa la ruptura de la homeostasis originaria, efectiva al momento de nacer, aunque presente desde el instante en que el cuerpo de la madre se prepara para expulsarlo. Decía en la entrada precedente: «Esta circunferencia interior es el embrión de la huella que queda al desdoblarse y constituirse cada una de las partes, madre e hijo, en unidades independientes; el ombligo es su marca». Mientras el bebé era embrión funcionaba como un órgano más de la madre. Al momento de nacer se produce una separación, que solo es biológica, no real, ya que la fusión embrionaria será reemplazada por la célula narcisista que conformarán ambos.

Pues bien, la circunferencia interior representa por defecto la homeostasis perdida; también, la estimulación que no cesa, generando un continuo de ondas que se expanden y hacen crecer la excitación. La circunferencia exterior, ahora concretada en la piel del aparato psíquico, funciona en este modelo como tope a la tensión.

Cuando pienso en este modelo imagino algo parecido a lo que ocurre con el funcionamiento del Universo, con sus caracteres cíclico y expansivo.

Pues bien, ambas circunferencias delimitan tres espacios donde antes solo había uno: la Nada. La presión de los espacios exterior e interior sobre las dos circunferencias tiene el efecto de generar una figura tridimensional, conocida en Topología como Donut o Toro, en la que tendrá cabida el psiquismo. El crecimiento y densidad de este volumen irá gestándose y gestionándose a partir de la estimulación recibida y de los elementos puestos en juego en el proceso de evacuación de la energía no ligada y de la reducción de la tensión a través de la satisfacción de las necesidades básicas.

La respuesta ajustada detiene el flujo expansivo de la excitación (energía no ligada) y lo reduce al mínimo. El volumen del Donut crecerá de forma estable y la tensión superficial que lo contiene, de forma consistente si el patrón de respuesta externa es ajustado y coherente, lo que permite organizar la energía libre en una estructura, que será la que aporte estabilidad y consistencia, cuyo equilibrio dependerá de la densidad de las inervaciones neuronales.

La respuesta no ajustada acrecienta la tensión interna por efecto rebote y debilita la tensión superficial del sistema, aumentando su inestabilidad. La inestabilidad se traduce en una mayor porosidad de las conexiones neuronales, por tanto, en una mayor fragilidad del sistema y dependencia del exterior.

La relación entre la plasticidad del sistema neuronal y el contexto permite generar espacios de gestión, los cuales serán más eficaces mientras mayor sea la red de interconexiones neuronales que se pongan en marcha en el momento en que la tensión comience a ser insoportable para el sistema y, consecuentemente, para el bebé. La facilitación neuronal y el acceso a otras vías neuronales de derivación de los excedentes de excitación enriquecen la capacidad futura del bebé para emitir respuestas más complejas y sutiles.

Mientras más reducida sea la superficie neuronal implicada para hacer frente a la excitación más limitada y empobrecida será la capacidad de respuesta.

Entrada relacionada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.