14.5. El Nudo Borromeo.

El Nudo Borromeo

Tomo ahora una nueva figura, el Nudo Borromeo (fig. 6), y lo introduzco en el interior del Toro.

Fig. 6

En este despliegue imaginario, pienso el Nudo Borromeo como una forma de concreción de la energía en partículas ordenadas. El equivalente al ADN para el aparato psíquico.

Fijemos nuestra atención en esta figura para ver cómo trabajan los tres registros lacanianos (Simbólico, Imaginario y Real), pero pensémoslos de forma diferente a como lo hizo Lacan.

Lacan plantea este modelo como una figura estática cuya consistencia depende del modo en que se entrecruzan los tres anillos. El anudamiento entre ellos tiene la peculiaridad de que, si uno de ellos se suelta, los otros también quedan libres y la estructura borromeica desaparece.

Propongo pensar esta figura de forma dinámica y tridimensional. Los anillos ahora serían circuitos de energía entrelazados, girando entre sí. La fuerza gravitacional, o su equivalente para nosotros, la fuerza del deseo que los une, mantiene la equidistancia y el ordenamiento entre ellos.

En el punto central del Nudo Borromeo aparece, en el lugar donde se entrecruzan, un espacio, del que depende el equilibrio del conjunto. Sostener la equidistancia entre los circuitos permite mantener este espacio.

Hablamos de este espacio central como un lugar vivo, imantado por efecto de la carga gravitacional entre los tres registros, donde se ubica el objeto causa del deseo, y de tres circuitos de energía identificables y vinculados, pero no completamente diferentes.

Cada uno de los circuitos alimenta y se alimenta en parte de la energía que le aportan los otros dos. Aquello que los distingue es la diferente proporción de energía ligada y la amplitud de sus conectores, al modo en que la diferente organización molecular de los mismos átomos, su número y densidad, determinan la variabilidad de la materia.

La permanente estimulación satura al sistema, genera excedentes que, o bien se estancan, o se liberan abriendo canales neuronales colaterales. Trasladado este planteamiento al modelo del anudamiento Borromeo, cabe pensar un trasvase permanente de energía no ligada entre registros, los cuales mantienen su naturaleza siempre que la energía que los constituye no supere determinado umbral de carga. Si es superado este umbral, el equilibrio se trastoca, apareciendo la angustia, la inhibición y los síntomas.

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