14.6. Los registros Real, Simbólico e Imaginario.

¿De qué naturaleza es la energía que se desborda? Hablamos de energía no ligada, de energía caótica. Si trasladamos esta metáfora al funcionamiento del universo, la energía liberada en el Big Bang permanece en gran parte no ligada. Que esto sea así no ha impedido que se haya ligado una pequeña porción. Hablaríamos, entonces, del Registro Real como circuito de energía no ligada que alimenta a los registros imaginario y simbólico, constituidos ambos como circuitos de energía ligada.

Según Freud, entre cualidad y cantidad hay una relación inversamente proporcional: a mayor excitabilidad, menor capacidad de discriminación.

Si pensamos las estructuras humanas en los términos de las universales, podemos decir dos cosas: una, la tendencia a la dispersión, como parte de su naturaleza; dos, el Caos, como fuente original de energía.

El Caos original es la fuente de energía de la que se alimenta todo sistema. Cierto ordenamiento inicial, del que deriva lo que somos, daría forma a un circuito energético primitivo y primario, el Registro Real.

De la repetición de determinadas secuencias en este sistema primario derivaría una subestructura caracterizada por la consistencia de lo mismo que emerge diferenciándose del resto. Esta sería la matriz del Registro Imaginario. Lo reconocible, que deriva de la repetición, introduce uno de sus efectos característico: la previsibilidad, sobre la que construimos la impresión de pertenencia.

El Registro Imaginario requiere para constituirse la posibilidad de un esbozo mínimo de memoria, pero no memoria a partir de la representación de cosa, sino memoria del hecho mismo de la repetición y de sus consecuencias.

No olvidemos que la naturaleza se organiza por patrones que se repiten en todas y cada una de sus formas. Pienso en la maravillosa coliflor china, en la que cada una de sus partes es una réplica del conjunto. También pienso en el cortejo sexual en el reino animal, en el que el color, el movimiento y el sonido se reúnen en una danza, siempre la misma danza, independientemente de quién la ejecute. Lo Real diferenciado vía repetición configura un esbozo reconocible. Sobre esta base se organiza el Registro Imaginario, el cual requerirá del Registro Simbólico para significar lo que acontece en el Registro Imaginario y configurarse en toda su complejidad.

Lo Real lo definimos como lo no articulable, lo que está fuera del discurso; sin él no sería posible la vida. Del mismo modo que la Cultura es un producto evolucionado de la naturaleza, lo Real lo es del Caos toda vez se organiza como registro.

Los engranajes de la supervivencia presuponen cierto ordenamiento del Caos, de la tendencia a la dispersión de la energía; el resultado: la vida en sus múltiples formas. Este ordenamiento evoluciona desde las formas más primarias, protoplasmáticas, a las más complejas. Nosotros estamos en la cima de dicha evolución, siendo la Cultura el elemento diferenciador. Gracias a ella, podemos transformar la mera repetición de lo mismo en un acto de compromiso subjetivo. Aunque igualmente alienado a los engranajes de la supervivencia, Sísifo toma partido y escribe su propia historia sobre los trazos establecidos por los dioses. Sísifo fue capaz de llevar la tragedia del sinsentido al melodrama de lo cotidiano, donde lo mismo adquiere en cada representación matices propios.

Si nos atenemos a uno de los productos estrella de la naturaleza, el lenguaje, observamos que este también se ajusta a los parámetros que introduce el Registro Real: energía libre que se organiza en partículas con capacidad para ser registradas como sonidos que luego, al dar entrada al Registro Simbólico, se ligarán en fonemas, morfemas y sintagmas para hacer síntesis en la lengua y el habla.

Entramos de lleno en el orden simbólico. En la exposición dejamos entrever cierto orden de sucesión parejo a la creciente complejidad, que alcanza el cénit en el ser humano. Una de las conclusiones extraíbles de este desarrollo es la intervención del tiempo: del Caos primigenio al establecimiento de cierto orden y la posterior complejidad del mismo. Lo que se repite ejerce su dominio, forma parte de la prehistoria y solo es reconocible una vez el dominio simbólico se instala en toda su potencia.

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