14.7. ¿A dónde nos lleva la falta de tensión?

Desde el punto de vista del psiquismo, lo que se repite y ejerce su dominio lo hace a través del fantasma, cuya estructura da cuenta de la ligadura filogenética y del modo en que el sujeto está comprometido con ella. El fantasma es a la vez eslabón y huella de un rastro que hace síntesis en cada individuo y se perpetúa en las siguientes generaciones. Funciona como una cápsula del tiempo, donde reside encriptado el secreto de la existencia, la respuesta al enigma fundamental, cuya escritura adquiere la forma de objeto causa de deseo.

La tensión es fuente de vida; la falta de tensión, la muerte. La evacuación constante de excedente de cantidad, o de carga no ligada, permite la supervivencia del sistema. Ahora bien, esta evacuación no siempre permite mantener la equidistancia entre registros. En ocasiones, inunda al sistema de excedentes que exigen respuesta. Si esta no se ajusta a tal exigencia, se produce un desequilibrio que habrá de alcanzar a los niveles intermedio y superior. La angustia habla de esta saturación y de su desbordamiento sobre el nivel intermedio, el Registro Imaginario. Pero la angustia no puede sostenerse como tal durante mucho tiempo, y si lo hace, lo hará a costa de la salud. La inhibición hablaría del desbordamiento de la energía desde el Registro Imaginario al Registro Simbólico; el síntoma, de vuelta del Simbólico al Real, produciéndose un trasvase de energía no ligada en bucle que puede romper el equilibrio del sistema, incluso al propio sistema.

Hablamos de tres registros y de tres niveles, cada uno de aquellos en justa correspondencia con cada uno de estos. El nivel fundacional se corresponde con la fuente de energía universal, ordenados sus elementos en el Registro Real. En el nivel de la supervivencia resuelve el Registro Imaginario mediante la generación de estereotipos y la asignación sígnica a determinados atributos visuales y sonoros. En el nivel del Registro Simbólico aparece la cultura y el lenguaje; en general, el símbolo y la falta en cualquiera de sus formas.

Una persona sometida a una prueba psicotécnica obtiene unos resultados pésimos. La primera vez, culpa a la chaqueta, que no le deja moverse con libertad; la segunda, a las mangas del chaleco. Frente a la angustia, se justifica con dos respuestas del mismo orden: le estorba algo que viene de afuera, algo que no lo compromete.

Lo imaginario, frente al desbordamiento de lo real sobre su circuito, genera la necesidad de paliar la angustia mediante un artificio de sentido (chaqueta…). Pero este cierre no funciona si no es avalado desde afuera. La insistencia en el abrochamiento sígnico no resuelve. A lo que conduce es a retroalimentar la angustia, aumentar la tensión a nivel del Registro Imaginario e inundar con sus excedentes al Registro Simbólico.

El equilibrio del sistema se resuelve con la equidistancia. Si los excedentes saturan a los registros, cada vez será menor la capacidad de respuesta. El efecto es una inflación de energía no ligada y una reducción de los espacios intermedios, siendo el principal damnificado el que guarda el mayor de los enigmas de la existencia: la vida. Hago referencia al espacio generado por los tres espacios, aquel en el que se ubica el objeto causa de deseo.

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