15.2. La presencia de la muerte (2).

Hablemos ahora de aquellas personas que desafían permanentemente el peligro llevando a cabo actividades de dificultad extrema; un grupo, valorado socialmente, que encuentra una ventana abierta al mundo en los medios de comunicación, los cuales ven en el desafío extremo material de reclamo; también, para aumentar su cuota de audiencia. Recuerdo entre ellos a un periodista, conocido en los medios audiovisuales, que era practicante asiduo de deportes de riesgo. Se trataba de un profesional responsable y cauteloso. Murió haciendo de hombre pájaro.

¿Qué lleva a una persona a enfrentar estos niveles de riesgo? Cada cual tendrá una motivación concreta, es obvio, pero el hecho común es que, tras cada salto, tras cada vuelo, tras cada descenso, se adivina la posibilidad de sufrir un grave accidente y morir. El subidón de adrenalina y las medidas de seguridad empleadas se utilizan para justificar esta práctica más allá de cualquier otra consideración.

Esta manera de enfrentar la vida me lleva a pensar en la inocente tendencia infantil a no ver los peligros. Evidentemente, hay una diferencia fundamental entre unos y otros, la conciencia del riesgo en los que practican deportes extremos, pero en ambas situaciones domina la omnipotencia y en algunos el desprecio a la muerte, como ocurre con aquellos que practican la escalada prescindiendo de las medidas de seguridad requeridas.

Desde el punto de vista especular, pareciera como si el niño, ahora adulto, necesitara refrendar continuamente su derecho a existir… ¿por quedar desubicado del espacio especular? Al desafiar a la muerte y salir airoso, se la niega. Recordemos que la muerte para el niño no tiene la trágica connotación que tiene para el adulto. Hace referencia a la idea de hacer desaparecer al otro, al otro que molesta, que interfiere, que se interpone entre él y mamá.

El componente visual juega un papel relevante en estas empresas de alto riesgo, ya sea a través de las muchas miradas que lo miran y admiran en un estado de sobrecogimiento e incredulidad, ya sea a través de los comentarios que despierta la hazaña.

Al cuerpo se lo lleva al límite, se lo empuja cada vez un poco más hacia la frontera de lo imposible, que se atisba como horizonte. Este control sobre el límite parece inhumano, accesible solo a un reducido grupo de personas, que se acercan por ello al exclusivo universo de los héroes.

Esta omnipotente exposición a la posibilidad de morir puede interpretarse como expresión de la vida misma (llevada a su dimensión trágica), ya que la vida se resuelve en la dialéctica Eros-Tánatos.

De igual modo, estas experiencias pueden atestiguar cierto desfallecimiento del decir y un intento, en el límite de lo Real, de aproximación a la dimensión de la certeza.

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