Juan Liaño Liaño

BLANDIGLUERS' FACTORY

Blandigluers Factory - Blandigluer

BLANDIGLUER

Planeta de origen: la infancia.
Lenguaje: el juego.
Especialidad: la risa.
Habilidad: la adaptación extrema.


Gominolas, chicles, esponjitas, blandigluers... Saben a fresa, a limón, a naranja, a menta... De los recuerdos de aquella época quedan los ositos traslúcidos de color rojo, amarillo, verde, sus pedacitos en la boca y la certeza de que el azúcar es joven y la amargura vieja.

En la superficie de la lengua se inscribe el mapa de las emociones: saladas como el calostro y el sudor, dulces como la leche materna, las chuches y el primer amor, ácidas cuando maduran y amargas cuando fermentan, se hacen costra, dejan de doler o duelen demasiado.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - Ale Manita

ALE MANITA

Planeta de origen: la Tierra.
Lenguaje: pastiforme.
Especialidad: pasar de todo.
Habilidad: complicarse la vida a su pesar.


Ale Manita odia que le pregunten si está contento. Es verdad que su boca lo delata feliz, pero de lo que habla el enredo de sus manos es del tremendo lío que tiene en la cabeza.

Y ambas cosas están ahí a la vista, para lo que haga falta, por esto no entiende que le pregunten lo mismo una y otra vez, como si sólo le vieran de nariz para abajo, o sea, la boca, ni siquiera la punta de la nariz, sobre la que nadie dice nada, a pesar de ser abundante y prominente.

Y no lo entiende, porque no es la sonrisa bonachona y la bondad que despliega lo que le ocupa sino las manos: la de los lados, abiertas en plan «vamos a pedir algo divino a ver qué cae», y la de arriba, colocada (jijiji) sobre el agujero de la azotea como un kipá.

De la raíz de la nariz surge un puño, situado más o menos donde el cuerpo calloso, del que no se sabe si está o ha llegado después de que el brazo–nariz lanzara un directo al mentón de la mente para despojarla de ciertas ideas.

Tal vez sea el estado de shock tras quedar knock-out por el golpe la razón de su sonrisa y su atractivo, aunque, puestos a suponer, sus ojitos también hablan de otras cosas.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - Alibamumo

ALIBAMUMO

Planeta de origen: Alibalumea.
Lenguaje: alibalumeo.
Especialidad: el cinismo.
Habilidad: robar con mano de hierro.


El gobernador del Banco Central no se lo explica. ¿Si cada día mete tres, por qué al día siguiente lo que hay dicen que sigue siendo lo que hay, nunca lo que había más tres?

Sesudos matemáticos abordaron el problema y concluyeron que lo que hay siempre equivale a lo metido, no al número de veces que se realizó la operación ni a la cantidad ingresada en cada ocasión. Sin embargo, hubo quien no estuvo de acuerdo. Argumentaba que no puede considerarse igual lo que había que lo que hay después de meter tres, por lo que concluyó que el problema tenía un origen lingüístico.

Estabilumo, así se llama el matemático disidente, fue enviado a Conchinchinabilumia con la excusa de solucionar un problema similar. Allí descubrió que el artificio usado, aunque irrefutable, estaba al servicio de ocultar la realidad.

Informado Alibamumo del informe que preparaba Estabilumo, quedó ceñudo pensando. Después de sopesar las consecuencias, desaconsejó al matemático airear el tema con el fin de no desestabilizar la Bolsa. Si así lo hacía, prometía cubrirle de oro a su regreso. Años después, ascendido a la condición de gobernador del Banco Central, Alibamumo rescató a Estabilumo de la Conchinchina.

Durante los tres días que duró la fiesta de bienvenida, Estabilumo fue regalado con tantos honores, presentes y agasajos, con tantos besos, abrazos, risas y lloros que acabó totalmente desorientado, absolutamente desarmado y más que dispuesto a cumplir sin rechistar.

Alibamumo sopesó con pulcritud cirujana el momento justo para comprometerlo en un encargo muy delicado, tanto que había sido clasificado top secret por la Agencia del Tesoro Público. El encargo consistía en contar, clasificar y apilar en estantes las monedas de oro y plata que, en cantidad de tres veces tres mil trescientas treinta y tres, lloverían a diario desde el enrejado que había en la parte central de la bóveda de su despacho. Al final de cada jornada, debía emitir un informe detallado sobre la cantidad de lo precipitado. Si no se ajustaba en número a lo llovido, tenía que contar de nuevo desde la primera a la última moneda. Sobra decir que jamás volvió a vérsele el pelo.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - Bobo

BOBO

Planeta de origen: extinto (planeta de color rojo desvaído).
Lenguaje: no dialéctico.
Especialidad: estar en otra.
Habilidad: enternecer de primera, aborrecer de segunda.

¿Lo que mira está afuera y abajo, entre las piernas, o adentro y detrás, entre los recuerdos? Sea uno u otro el lugar, lo que mira lo mira arrobado. Eso dicen sus ojos y la pegatina de su cabeza, con la que piensa plano, como no puede ser de otro modo en un cromo de cabeza de una micra de espesor.

Los que lo miran, al primer golpe de vista sienten un enorme aprecio por su persona y rápidamente se congratulan con su empeño y hacen lo que él, pero lo que ven en lo que encuentran no se parece en nada a lo que transmite la lánguida caída de su cabeza, porque lo que hay en la mirada de Bobo no se alcanza sin la inocente disposición del gesto.

El fondo que lo envuelve está oscuro y desierto, aunque se adivina un resplandor viniendo de abajo, ¿una chispa de amanecer?, ¿el reflejo de una verbena sobre el profundo firmamento?... Bobo no sabría decir; está en otra, como siempre. Sin embargo, allí donde está, está a conciencia, a pesar de no tener idea de dónde es.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - Boby

BOBY

Planeta de origen: la Tierra.
Lenguaje: ladrocular.
Especialidad: amaestrar humanos.
Habilidad: hacer según conviene.

Boby va esta tarde a la cancha del barrio a ver un partido de beisbol. Por el camino hace sus necesidades y marca el terreno en la rueda de una bici y en un par de farolas. Le pesan la cabeza, las orejas y la bolsa de los testículos; no se sabe bien si los párpados, que también los lleva caídos.

Junto a él, al ritmo lento que marcan sus cortas y gruesas patas, camina Thomas. Va leyendo todo el rato, metida la cabeza en los titulares del periódico. Boby lo mira de vez en cuando y hace lo necesario para que no tropiece.

Los une la tensión de la correa, que le indica a Thomas en cada momento si su fiel amigo quiere o necesita algo, se para o sigue.
Thomas se ha adaptado la mar de bien a la cadencia ruinosa de Boby, a su halo de tristeza, a su kilómetro y medio de largo, a su pesado peso y a la edad avanzada que arrastra desde que nació. «Es mi compañero inseparable», le dice al que le pregunta, y Boby lo deja decir porque sabe que eso les conviene.

Lo de recogerle las cacas en la calle no lo entiende, ni lo de vivir sin trabajar, pero Thomas lo hace de forma natural, como si estuviera estipulado en el contrato de adopción que fuera así.
Boby es un Basset Hound que no está demasiado orgulloso de ser un Basset Hound ya que en su vida ha cazado un venado, una liebre o un zorro, sus presas favoritas según Wikipedia, ni un faisán, su especialidad. Al único que ha pillado y al que no suelta presa es a Thomas, su amo.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - Cándida Cándida

Cándida Cándida

Planeta de origen: la jodida tierra.
Lenguaje: parco.
Especialidad: la supervivencia.
Habilidad: la seducción.

Las bichas no me gustan, nunca me han gustado, me ponen nervioso.
Ni siquiera me atrevía con ellas por Cándida.
Su hermanito, en cambio, tan calladito y pacato para todo lo demás, era un crack capturándolas. Las cogía y las metía en un saco para dárselas al biólogo. Por hacer eso sacaba una pasta que te cagas. Yo no me atrevía. Pensaba que se me iban a meter por el pantalón y a comerme por dentro.

Una vez le pasó eso a Cándida. Ella ni se inmutó. Alertada por su proximidad, la bicha alzó la cabeza, se acercó y comenzó un lento y sinuoso ascenso por una de sus piernas hasta alcanzar la abertura de una cueva, por la que entró. Al cabo de un rato, salió por el escote.

Pensé en su dolor y en el mío al escuchar sus gemidos y lamentos, pero ahora dudo al calificar la escena, porque los ayes y la respiración entrecortada que recuerdo no se corresponden con la aprensión ni el miedo sino con el placer.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - CÁNDIDA a.m.

CÁNDIDA a.m.

Planeta de origen: la jodida tierra.
Lenguaje: parco.
Especialidad: la supervivencia.
Habilidad: la seducción.

Parece fácil abrirse las carnes y dejarse entrar, pero la piel es selectiva, orgullosa, pertinaz y tiene una memoria endiablada. De modo que si lo intentas, asegúrate de llevar lo necesario para no morir entre sus pliegues infectado por el virus del desamor.

- Hola, Cándida. ¿Tienes planes para esta noche?
- Ya sabes que yo no hago planes.
- Es verdad, siempre se me olvida. De todas formas, me avisas si te sale algo, ¿vale?
- Vale…

Machu Pichurri, su hermano, ahora también su chulo, la mira y calla. Tal día como hoy hace un año marcó este día en el calendario con un círculo rojo carmín. Entonces, estaba en un lugar situado allende el Atlántico (queda filibustero eso de situar allende lo que sea).
A su lado sestea Cándida bajo el peso de Luxury, que se estira a todo lo largo de su cuerpo para extraerle esos suspiros que tanto la ponen. El día que la conocí, aún no se había estrenado; hoy, en cambio, rezuma secretas humedades.

Cándida y Machu Pichurri crecieron juntos jugando en la plaza a los pies de la estatua ecuestre del Dictador. En más de una ocasión, se auparon a la grupa del caballo para batallar contra el enemigo mientras su madre les gritaba porque la altura era considerable y ya estaba hasta el coño de sus correrías. Al día de hoy, siguen siendo una pareja de esas de uña y carne.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - CÁNDIDA p.m.

CÁNDIDA p.m.

Planeta de origen: la jodida tierra.
Lenguaje: parco.
Especialidad: la supervivencia.
Habilidad: la seducción.

Blancos como la leche, Cándida y Machu Pichurri parecían teutones, no hijos de sus jodidos padres: un chatarrero que también fabricaba cisco y una sirvienta que dejó a sus señores para ejercer de ramera en su casa.
Eran unos niños especiales, muy amables y complacientes con los clientes, que se pirraban por las historias, sobre todo si tenían un final escabroso.

Había una que preferían a las demás. En ella, la protagonista, una señora madura muy parecida a su mamá, montaba a los clientes en una cama herrumbrosa que se transformaba en sus cabecitas en una locomotora a vapor con la caldera a tope y en sus manos, en una cafetera.
Después, debido a la excitación, se producía un enorme terremoto que hacía que la cafilocomotora descarrilara, se columpiara un instante en el borde del alfeizar y cayera. El portazo que daba la mamá después de despachar al cliente coincidía con el estrepitoso choque de la vieja cafetera al finalizar su vuelo. El estallido de la locomotora llegaba un poco más tarde, cuando la mamá se metía en el cuarto de baño a limpiarse las babas.

Por cada vuelo, Cándida hacía una muesca en el palo de la escoba.

La mamá murió; según la prensa, en extrañas circunstancias.

Ni una sola vez durante el juicio se vio al hermano por el juzgado, y si apareció, nunca lo hizo en público; decían que era muy pequeño.
Pero Cándida sí que fue, y de qué modo. En todo momento se comportó de forma educada, respondiendo a las preguntas con un temple más propio de una señora de mundo que de una adolescente.
Parecía una reina, digna como ellas, comedida como ellas, y austera, sin que ningún movimiento de más delatara el esfuerzo de contención que se le suponía. Su declaración fue lo mejor de aquel espectáculo, lo único que de verdad mereció la pena.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - CASI MIRO

CASI MIRO

Planeta de origen: la Tierra.
Lenguaje: Limitado a las posibilidades lingüísticas del pensamiento único.
Especialidad: Repetir lo mismo.
Habilidad: Aburrir al más pintado.

El cielo que lo envuelve es de un verde clarucho insoportable, no por ser verde, sino por lo desvaído de la tintura. Por este motivo, lleva años bufando y reivindicando un cambio hacia el verde azulado.
Llegó a pensar, pobre hombre, que la falta de respuesta de la Administración podía deberse a su primera demanda, ya que reclamar un cielo celeste rabioso salpicado con manchas blancas algodonosas podía interpretarse como una locura.

La dilatación extrema de las fosas nasales sitúa el inicio de la protesta cincuenta años atrás, cuando todavía mostraba un rostro anforado y una determinación extrema. Los años, el desarrollo de la mandíbula inferior y de la nariz y la contracción permanente de los músculos del entrecejo modificaron su morfología hasta alcanzar el aspecto periforme actual.

De este modo pasó de ser un perita en dulce a un viejo cascarrabias sin más emoción ni aliciente que alimentar la única idea que cabe en su reducido y arrugado entrecejo.

Las dos cosas que le quedan al día de hoy son una convicción a prueba de fuego y la soledad, la única compañía capaz de soportar su tozuda resistencia.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DACTI LÓPEZ

DACTI LÓPEZ

Planeta de origen: Dactilumenia.
Lenguaje: Dactilumeo.
Especialidad: apostillar y limpiar.
Habilidad: multifunción.

Conocida es por la inmensa mayoría de dactilumens la experiencia de servir de estilete para penetrar los orificios de la nariz o rebañar las orillas del orificio de las orejas.

Dacti López es un dactilumen excepcional, ya que su padecimiento –̶sufre claustrofobia– constituye un ataque frontal a su naturaleza. También padece una compulsión preocupante por la limpieza.
Además de hurgar, tiene otras funciones: señalar, silenciar, sermonear, disparar, apuntalar la condición de loco, colaborar con el pulgar para hacer pelotillas o para preguntar por el precio de las cosas o para descongestionar las vías respiratorias, rascariciar la cabeza, servir de base a la nariz cuando la cabeza piensa, despertar placer o dejar tuerto al que lo merece o, accidentalmente, al que se lo ha currado sin merecerlo, y muchas otras de igual, menor o mayor importancia.

Por su carácter, sus miedos y manías, no es difícil averiguar lo que peor lleva, aunque la compulsión a repetirlo de forma insistente pone en entredicho la aversión que dice sentir.

En este momento acaba de regresar de una misión; por sus ojos crispados, probablemente la más indigna y terrorífica. Ni siquiera el dedil de látex ha conseguido aminorar las consecuencias. A pesar de ello es más fuerte la necesidad imperiosa de volver de nuevo al tajo y rebañar lo que queda que el asco que siente al limpiar sus bordes y paredes.
Hay que decir que su hábitat natural es la paradoja y que sus besos siempre son de tornillo.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DEMIURGINO

DEMIURGINO

Planeta de origen: la divina comedia de todos los días.
Lenguaje: universal.
Especialidad: ser inabarcable.
Habilidad: dejar pasmado al que lo mira.

Por la noche todos los gatos son pardos y los frailes extraterrestres.

Metidas en su enorme saya, tambalean cuatrocientas libras de carne libres de carga. Por su cimbrear alegre y acompasado, parece feliz. Canturrea despreocupado, ajeno a los peligros que esconden los caminos del bosque cuando la soledad y la noche se reúnen a platicar sobre los peligros que acechan a quienes se atreven a andarlos sin más compaña que la noche y la soledad.

Sin embargo, nada de esto preocupa a Demiurgino, ocupado únicamente en disfrutar de la luna y del andar sin demasiadas prisas y ninguna meta. El tintineo límpido de la campanilla que le cuelga del cíngulo marca la profundidad de sus pasos. Nada a su alrededor lo perturba, nada sucede cuando él pasa, nada se mueve, nada, incluso el batir de las alas del viento y el tiempo se detienen.

Por la apertura de la capucha se ve un único ojo enorme. ¿Será Dios o un perturbado? Sea lo uno o lo otro, es evidente que nunca dejará descolocado al que lo mira por ser bizco.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DENTURA PÉREZ

DENTURA PÉREZ

Planeta de origen: Pastilandia.
Lenguaje: bizbiceo.
Especialidad: la negra pena.
Habilidad: salpicar.

Dentura Pérez tiene poca frente y enormes dientes y una gran destreza para salpicar de saliva a quien le escucha. No lo hace a propósito, pero lo hace, por eso no le cae bien a nadie, ni siquiera a sus papás, que lo abandonaron por prescripción facultativa. Pero tiene los ojos tristes; demasiado, tal vez.

No hay manera de ser positivo con él. Ni el más optimista ni el más bucainiano lo consiguen, cayendo el que lo intenta en una depre despreciable, en una pendiente insoportable de mal rollo contagioso que convierte en pesaroso el ánimo festivo, en velatorio la juerga y en cotidiana la desgracia.

Dentura Pérez es un cacho de pan pertrechado a su pesar tras la armadura de marfil de sus enormes piños.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DIAMANTINO

DIAMANTINO

Planeta de origen: el interior de la Tierra.
Lenguaje: luminoso.
Especialidad: dar lustre al poder.
Habilidad: encandilar a los voluptuosos.

Los sedimentos de la lava que emerge y no alcanza la superficie son el lecho natural de Diamantino, un tipo frío, de difícil acceso, por el que se pirran muchos y por el que mueren muchos más intentando arrebatárselo a la dura roca.

Diamantino ha vivido tanto tan aislado y preso que no encuentra en la libertad una oportunidad, sí en los engarces que lo encadenan a deseos ocultos siempre desmedidos, maravillosos o aterradores. Los muertos por su causa agrandan el valor que le conceden los que reconocen y aprecian en sus reflejos el color de la sangre regia y en sus destellos una promesa de exclusividad.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DRACO

DRACO

Planeta de origen: el parque jurásico de la tierra.
Lenguaje: draconaco.
Especialidad: la mirada ingenua.
Habilidad: la tristeza letal.

Verde, húmedo, triste, pesado, permanece donde está, imperturbable, paciente, vigilante, a veces cansado, nunca vencido.

Draco es un adorable padre a la espera del hijo que guarda el huevo que protege entre sus fuertes patas delanteras. Salvando las distancias, recuerda a los pingüinos imperiales sosteniendo sobre sus patas bajo un manto de grasa peluda al futuro hijo, que también será imperial, generoso, sacrificado, resistente y organizado como sus papás.

Draco no es un pingüino imperial disfrazado de reptil, es obvio, tampoco un dragón como los de Komodo; aunque compartan el mismo espacio genético, su naturaleza se ha diferenciado.
La boca del dragón de Komodo, por ejemplo, es una balsa mortífera de pastosa saliva llena de colonias de bacterias asesinas. Su táctica depredadora es perversa: morder y esperar a que la infección acabe con la presa. Mientras, la sigue pacientemente en su lenta agonía.

Draco también es muy pesado persiguiendo presas, pero su arma letal no es la saliva sino la tristeza. Con ella induce a la víctima al suicidio o al abandono absoluto de sí, llevándola al extremo, incluso, de dejarse comer viva…

¿Horrendo, despreciable? Seguro que no más que el ritual de la mantis en la cópula o el festín del león victorioso. La mantis devora la cabeza del macho y el león a los cachorros herederos de la línea destronada. Es su naturaleza, es la Naturaleza, y a la Naturaleza, desde luego, se la puede tildar de cualquier cosa, menos de mojigata.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - DUENDES DEL PANTANO

DUENDES DEL PANTANO

Planeta de origen: la historia de nunca acabar.
Lenguaje: emoticosesgado.
Especialidad: sembrar batallitas.
Habilidad: olvidarse de hoy.

— Pues no que dice el abuelo que el bosque se transforma de noche y al que pilla dentro se lo come.

— Y qué si es así.

— Que mi papá se fue ayer tarde y no ha vuelto.

— No es la primera, no seas cagón.

— Dice el abuelo que son los duendes, que a la noche salen a trabajarse los caminos, a estirarlos o doblarlos así les duela.

— ¿Y eso?

— Dice que es por culpa de los caminantes, que les hacen daño de tanto pisarlos.

— ¿Los arreglan los duendes?... ¿Eso dice?

— Y que los cambian de sitio.

— ¡Serán pendejos los muy cabrones!

— Y viejos. Por eso se olvidan y los recolocan mal.

— ¡Vaya!

— Pues, sí.

— ¿Y qué decía el abuelo que hacía con el que pilla dentro?

— Que se lo come y luego lo caga en el pantano.

— ¿En la ciénaga?

— En el pantano. ¿No los has visto flotando en las charcas?

— Tu abuelo dirá lo que quiera, pero el mío dice que lo que caga el pantano son los cuerpos de los rojos que se escaparon de la fosa donde los enterraron cuando la guerra.

— ¡Ah!, no sabía…

— Ya ves. Cada viejo a lo suyo. ¿Sabes lo que yo creo?, que a tu abuelo y al mío se les va la chave cuando miran pa trás. Así que no le hagas demasiado caso, que lo del bosque sólo es un cuento para disimular…

— ¿Para disimular?

— Lo que llevan pasao, nano. Lo de mi abuelo, qué quieres que te diga. Más de lo mismo, pero enfrente del tuyo. Es lo que hay, no le des más vueltas.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - EL BOSQUE DE AZOT

EL BOSQUE DE AZOT*

Planeta de origen: la tierra.
Lenguaje: taleguero.
Especialidad: sobrevivir.
Habilidad: no dejar demasiados rastros.

Con los años aprendí que las historias sobre brujas no son más que eso, historias, que los verdaderos demonios son mi padre y sus hermanos y que era mi casa el lugar donde se celebraban los aquelarres.
Es perturbadora la capacidad de la cabeza para transformar lo insoportable en un cuento o para camuflar la realidad tras la apariencia de un sueño. Después vienen y te cuentan que no, que eres un hijo de puta y que tu padre es un cabrón. ¡Fantástico! Y entonces, porque les das la razón, los matas por pendejos y correveidile o, simplemente, porque ya no encuentras razones para vivir de otro modo.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - ENGENDRO

ENGENDRO

Planeta de origen: la tierra.
Lenguaje: el silencio.
Especialidad: observar las estrellas.
Habilidad: vagar por los tejados.

Mi queridísimo engendro:
No me preguntes por qué si te digo que me recuerdas a las gárgolas, esos centinelas que alivian de lluvias, lágrimas y orines las azoteas y las cubiertas de las catedrales. Fíjate que a ti te veo en una de las esquinas de las dos hermosas torres que custodiaban la de Notre Dame... Ya ves, el sueño de una madre eleva al hijo a las alturas a pesar de su monstruosa deformidad.

Siempre quise para ti lo imposible. Lo quise desde el mismo instante en que la luz te alcanzó. Fue verte y cerrárseme las puertas de los sentidos; fue verte y abrírseme esas mismas puertas para mirar, oler y acoger en mis brazos al niño con el que soñé mientras anidabas en mi vientre, a mi pequeño y adorable bebé de enormes ojitos azules y sonrisa amplia, ruidosa, vestidito con un larguísimo batón festoneado con cintas celestes y mil preciosos lacitos.

No quiero hacerte daño, tampoco engañarte con palabras que no siento. No es culpa tuya ni de nadie; tal vez sí del mamón que jugó con tu vida al suministrarme Talidomida para calmarme la ansiedad y las ganas de vomitarte.

Es verdad que fue al bebé de mis sueños a quien regalé con mis caricias y besos, es verdad, pero también lo es que fue tu cuerpecito el que las recibió.

No me mal interpretes, engendro mío. Lo que quiero decirte con mis torpes palabras es que, aunque fuera a través de un sueño, a mi modo, te he amado.

En fin, no sé qué más puedo decir para aliviar tu dolor y contarte mi pena. En tus manos lo dejo. Mientras, quedo ansiosa, a la espera.

Un fuerte abrazo de tu mamita, que también te quiere.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - GUS

GUS

Planeta de origen: suburbano.
Lenguaje: inexistente.
Especialidad: abstraerse.
Habilidad: la soledad.

Gus viaja a diario por la red del metro para cruzar la ciudad de norte a sur. Durante el trayecto, cambia de línea tres veces: de la azul a la amarilla en una estación pequeñita y de la amarilla a la roja en un intercambiador enorme con varios niveles.

Los túneles parecen a medio hacer. Los ingenieros debieron pensar que no tendría por qué afectar a los sentidos transitar por ellos. Sin embargo, la falta de alegría que se respira en los vagones sugiere que sí, y mucho. Los túneles son oscuros, sucios, llenos de cables, de goteras y de ratas. En algunos hay pequeñas puertas tras las que es fácil imaginar salas desconocidas y estaciones cerradas en las que anida la amenaza del exterminio en forma de racimos interminables de huevos gigantes y viscosos.

En los vagones, la luz es intensa, como profunda es la tristeza y la soledad y nerviosas las miradas furtivas. Tan impersonal como frío es el silencio que resguarda a los pasajeros de intromisiones indeseables. Ajeno al dolor en los pies, Gus lleva horas dando vueltas de estación en estación al impulso del latido de la masa comprimida moviéndose de una a otra.

A pesar de repetirse la misma escena a diario, le sigue sorprendiendo verse sumido en el movimiento de la corriente, que corre desesperada por las escaleras y los pasillos para llegar a tiempo a ninguna parte.
Es lo que hay.
Así es.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - KOMO UNAMOTO

KOMO UNAMOTO

Planeta de origen: la Tierra.
Lenguaje: binario.
Especialidad: romper fronteras.
Habilidad: ¿ser más… ciborgdivino?.

Integrados o confundidos carenado y piloto, el señor Unamoto vuela, los muslos bien apretados y la adrenalina burbujeando en la corriente de líquidos que fluye entre ambos, la moto y él.
¿El señor Unamoto es realmente lo que parece: una acomodación radical de lo bio a lo cibernuevo?
En principio puede parecerlo, pero no. El señor Unamoto va más allá de un simple ejercicio de asimilación de lo nuevo y de acomodación de las viejas estructuras. Su naturaleza, aunque procede de la humana, es más ciber que bio. En realidad, El señor Unamoto es un microchip y su cuerpo una adaptación extrema a la función que se le exige.
¿Una evolución del Homo Sapiens al Homo Deus?
¡Si Sir Darwin levantara la cabeza!
Bailaría de contento, supongo.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - MACHU PICHURRI LASCIVIANO

MACHU PICHURRI LASCIVIANO

Planeta de origen: la Tierra.
Lenguaje: entre taleguero y chulesco.
Especialidad: recoger.
Habilidad: recoger sin arrugarse el traje.

Dice Machu Pichurri que las mujeres de ahora son de muchos colores, que sus pellejos parecen mapas, tan llenitos de líneas que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen según sean los trapitos que los cubren cuando les cae el sol.

Un día los vi en la playa. La mamá, entrada en años, estaba desnuda. Machu Pichurri, a su lado, con bañador, sólo estaba a su lado. La mamá lo tenía bien atado con el hilo invisible de la indecencia más descarada.

Tumbada ella, mantenía las piernas abiertas. Machu Pichurri, criatura distraída, cubría con una fina capa de arena los muslitos de la mamá y luego los sacudía. A la mamá eso le gustaba, le gustaba sentir el roce de los nudillos de su criatura sobre el ralo pelo del pubis.

A Machu Pichurri, en ningún momento le pasó inadvertida mi mirada.

Pasados unos años, la mamá murió. Tras pasar por varios centros de menores, Machu Pichurri y su hermana.
Cándida, se hicieron cargo del negocio familiar: un puticlub situado a las afueras. Hace tiempo que a su padre no lo dejan entrar. Un día, uno de los matones del garito le rompió el culo y lo echó a patadas.
Ahora son uña y carne en la sangre, los negocios y la cama, igual que siempre, pero sin interferencias.

© Juan Liaño
Blandigluers Factory - ROCK GROS, MARTIN

ROCK GROS, MARTIN

Planeta de origen: la Tierra Madre.
Lenguaje: los latidos del corazón.
Especialidad: abandonarse.
Habilidad: trabajar más que un mulo.

Martin Rock Gros echó los dientes explorando cuevas. A la edad de seis añitos ya sabía que debajo de la tierra había más tierra, gusanos, hormigas y muchas raíces. También sabía que la tierra se convierte en barro tras la lluvia y que las uñas se ensucian de lo lindo al escarbar.
A la edad de doce se enamoró de una hermosa ninfa, una niñita de su edad, pero mucho más anciana si se compara la longitud de los años para cada especie.

A la de quince se fue a explorar la Tierra perseguido por las súplicas de la madre y los lamentos del padre. Nunca más volvieron a verse, cierto, pero fue a partir del año de su marcha que comenzaron a saber de él, lo que alegró mucho el corazón de ambos. A los veintisiete años asentó la cabeza, rescató a la ninfa de sus sueños y se casó con ella.

Junto a la casa donde viven hay un montículo y en el montículo, la boca de una cueva. Allí dentro, en el vientre de mamá Tierra, se extiende un lago de aguas viscosas en las que Martin Rock Gros se sumerge cuando la muerte acecha, saliendo de ellas rejuvenecido.
Al día de hoy, diríase que parece el mismo de siempre si no fuera por la profundidad de su mirada.

© Juan Liaño