Juan Liaño Liaño

Si lo desea en este apartado puede dar a conocer su opinión sobre "El amor que persigo" y leer las que hayan dejado los lectores.

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Opiniones:

Escrito por ... Juan
EXTRACTO INFORME CRÍTICO EDITORIAL.- Realizado por Sergio Pérez Esteso con fecha 24 de marzo de 2021 Título: El amor que persigo Género: narrativa contemporánea Subgénero: relato, cuento Calificación literaria: 8 sobre 10 VALORACIÓN GLOBAL

¿Qué tiene este libro que no tengan otros?.-

«La obra presenta una inhabitual amplitud de registros narrativos que se desplaza desde la candidez y la inocencia de un precioso cuento infantil como La princesa Zulema hasta la aspereza de un relato tan crudo como El salto, y desde el desenfado de La fiesta de Mo al compromiso de Del brazo de mi amigo Tato,
manteniendo en todos ellos un nivel de calidad muy destacado».

¿Lo recomendarías? ¿Por qué?

«Porque pocas veces se puede encontrar un texto que maneje tantos y tan diferentes temas y estilos en una sola obra. Además, es importante señalar que el autor ha sabido manejar con gran pericia la psicología de los personajes, cargándolos de matices que dejan entrever un perfil que no oculta en ningún momento las parcelas más incómodas de su personalidad. Sin duda, si algún lector está buscando personajes reales, aunque sobrepasen la línea de lo que conocemos como políticamente correcto, éste es su libro».

¿Cómo venderías el libro?

«Como un libro arriesgado y comprometido que conseguirá que los lectores se vean implicados en su universo gracias a unos recursos narrativos que no dejarán indiferente a nadie. El amor que persigo no es una lectura fácil en todos los momentos, pero sí es en todos ellos un libro único y personal del que resulta imposible olvidarse».
Escrito por ... Rocío
Advertencia a lectores: voy a hacer spoiler, así que no leas esto si no has leído "La fiesta de Mo" hasta el final.
He tenido varios momentos de placer e incomodidad, de confusión y de sorpresa al leer el relato. El ambiente previo a la preparación de la fiesta y sus primeros momentos me resultó divertido, muy sensual, seductor ... casi como una peli de Won Kar Wai en la que los cuerpos se contonean con una música densa y romántica. A veces también como una fiesta de orgullo gay extravagante, de cuerpos atléticos y disparatados. Esta densidad va aumentando con la confusión de nombres monosílabos y personajes dispares, creando un clima más sórdido y surreal, tipo "Parásitos" y casi estaba enfadada... cuando llegó el desenlace: no me lo esperaba, y me parece genial! la sorpresa de ser todo un enredo de los sueños me hizo preguntarme: podría a continuación ocurrir lo que solo en un sueño pasó????
un abrazo grande al escritor por ofrecernos estas experiencias...
Rocío
Escrito por ... Rosario
De momento solo he podido leer el primer relato: La fiesta de Mo, así que continuará.
De este relato puedo decir que es inquietante, intenso y desconcertante.
Personajes bien definidos y con fuerte personalidad, de tal manera que, unido a la apasionada trama del relato, cuesta trabajo abandonarlos.
Escrito por ... Rosario
La madriguera de Sofía. Segundo relato del Amor que persigo.
Intimista, claustrofóbico y cotidiano. Personalmente no me gusta este tipo de literatura, en la que el personaje larga todos sus miedos, frustraciones, recuerdos traumáticos de la infancia, y demás. Para una sesión de psicología podría valer jajaja Pero si la intención era la de cueva, madriguera...conseguido. Aunque el personaje de Sofía no termina de estar claro.
Una vez leí que la función del escritor era la de mostrar de forma bella lo cotidiano. La belleza tiene muchos matices y muchos caminos para mostrarse, creo que ahí está el arte en la literatura, en la escritura.
A ver si el siguiente relato me atrae más
Besos Juan
Escrito por ... Rosario
Extraordinario El amor que persigo, de Juan Liaño.
Enorme intensidad narrativa que, junto a los personajes tan bien definidos, hacen que la lectura sea cautivadora.
Es muy original en toda su temática, fantástica, es todo fruto de su imaginación, no existe nada igual.
Tanto relatos como cuentos están cargados de filosofía, de una manera de entender la vida. En especial El hombre caracol, genial.
La sonrisa y la gracia no se olvidan, como en El cerdo de Melquiades.
La Princesa Zulema y Donco y Ve son dos joyitas, qué bonitas.
A veces no se sabe si se está leyendo un libro, viendo un vídeo o contemplando un cuadro.
Juan Liaño tiene mucha fuerza expresiva. Lo que nos cuenta, cómo nos lo cuenta y los personajes que aparecen se quedan largo tiempo rondando en la cabeza.
BUENA LITERATURA
Gracias, está muy escasa
PD. De acuerdo en su totalidad con las palabras de Sergio Pérez Esteso en su informe crítico editorial
Escrito por ... Paco
Sobre El amor que persigo
Te mando mis notas después de leer tu libro. Quise que resultasen legibles porque el libro se lo merece...es sólo mi opinión claro, ya sabes cómo los textos son poliédricos y juguetones, de manera que a cada uno les muestran una de sus caras... Eso también será divertido para ti cuando recibas comentarios.
Me ha gustado mucho... En el archivo que acompaño te digo porqué. Ah y una cosa que no escribí allí pero que no quiero dejar de decirte: me encanta el título.

De entrada, como siempre, reseñar que el libro está muy bien escrito. Una prosa fluida, adecuada a cada tema y un estilo que no pretende erigirse en protagonista, que facilita el contacto con el relato y la inmersión en su atmósfera y en su historia, que está al servicio de los objetivos de su autor. Los recursos de la narración están muy bien manejados, de manera que cumplen con su función de conducirnos por el entramado de cada historia, de escena en escena, de anécdota en anécdota, construyendo un texto que va desplegándose en diversos planos, contribuyendo así a conferirle una estructura tridimensional, soporte de un espacio, digamos, cúbico por donde el lector y los personajes pueden desplazarse en trayectos complejos.
Mi primera reacción a la lectura, casi inevitable dadas las circunstancias, fue referirla a la novela anterior (El manuscrito L.C.O), que todavía estaba fresca en mi memoria. Aquel era un texto complejo, extenso, que perseguía la historia de unos cuantos personajes por tiempos y espacios diferentes. Este es un libro mixto, relatos breves y cuentos según la distinción que hace el propio autor.
Los relatos breves serían del tipo que los franceses llaman nouvelles (novelas cortas), narraciones a medio camino entre la novela tradicional y el cuento que conservan la vocación de narración clásica, de la que sólo las separa la extensión. Con la excepción del titulado DEL BRAZO DE MI AMIGO TATO que a mi modo de ver no es una narración propiamente dicha, sino más bien un texto para acompañar (cogido del brazo como dice su título) a la exploración fotográfica del mundo de los sintecho que una vez realizó Tato Olivas. No sé cómo se fraguó esta colaboración, pero es un hecho que influye en la organización del texto: galería de imágenes, de personajes unidos por su pertenencia al mundo de los habitantes de la calle, aunque bien cierto es que contienen una fuerza narrativa, y no sólo descriptiva, que basta para su inclusión en este volumen.
Luego vuelvo a los relatos que constituyen el núcleo del libro y que merecen un comentario más detenido. Decir de los cuentos que realmente lo son. Estas historias breves, aunque con las mismas calidades narrativas de las que hablábamos al principio, se desempeñan dentro de una atmósfera diferente. No es sólo cuestión de su brevedad; el ritmo narrativo, los giros de las historias, el tono a veces jovial, a veces irónico, casi siempre tierno, los guiños al lector, al que se le invita a una lectura que es lúdica y juguetona, ágil y gozable, los inserta de lleno en el género del cuento, que siempre debería ser infantil, al menos por su propuesta de pensar jugando y por su apuesta por la fábula y la fantasía.
Los relatos son otra cosa. De nuevo recurro como hilo que sostiene estas notas al recuerdo de la anterior novela. Los relatos son tres. A mi modo de entender, el que se titula EL SALTO es el que estaría más cercano a la atmósfera de LA FORTALEZA. Un mundo pétreo, árido, arisco, duro, como una pared rocosa… y un personaje acorde con ese paisaje, intentado aferrarse ahí, desesperado de hacerlo habitable. Tortuosa complejidad de unos sentimientos que exigen grietas para enraizarse, un constante fracaso. Es una propuesta difícil para alojar en ella una historia que no desmerezca de sus condicionantes.
Una de mis novelas favoritas ha sido, desde que la conocí, CUMBRES BORRASCOSAS, descarnada, puro transcurrir de pasiones que son tan inhumanas como la tierra misma en la que aparecen. El páramo… es palabra que me evoca una atmósfera exterior, pero también subjetiva, cargada de tormenta pasional, de vínculos fatales, destinos que transcurren en esos límites donde las emociones se confunden y las palabras que deberían nombrar, ordenar, fracasan. ¿Qué clase de existencia puede allí advenir?
EL SALTO para mí está en esa línea…recortado, conciso, todavía mejor, concentrado, emergiendo de una propuesta tan mítica como la de cavar un agujero…porque hay que horadar para aferrarse, y sepultarse para ser, quizás, en ese otro lugar que estaría en otro lado, cuando del lado de aquí un proyecto humano es casi inimaginable.
¿Se notan mis simpatías, verdad?
Al lado de esto, yo llamaría a las dos historias restantes, novelas dramáticas; en cuanto la anterior, a mi modo de ver, es un relato trágico.
De LA FIESTA DE MO, me llama la atención su estructura. La he leído dos veces porque la primera vez no conseguía registrar ni la historia ni los personajes. Es tanta su complejidad y el juego de arabescos que la funda que en algún momento me he sentido desenfocado, como cuando una mano agita la superficie del agua. Me ha parecido, y en esto sí coincidiría creo con la estructura de LA FORTALEZA, que juega a cambiar de tercio, en este caso a cambiar de género (literario, claro) a lo largo de su desarrollo, y al final también parece acercarse a los parámetros de la novela policiaca…aunque no, porque también aquí hay un giro final que vuelve a descolocar al lector. Son técnicas eficaces para mantener la atención, de eso no hay duda.
Yo apuntaría un comienzo que se acerca a la novela de fraternidad, por así decirlo, casi de adolescencia, algo del orden de la educación sentimental o de los ritos de paso, en tanto se centra alrededor de un cumpleaños. Luego, se va volviendo novela de misterio, thriller con ribetes de novela gótica, y luego recorre los caminos de la novela psicológica, para terminar apuntando al género policial… La verdad es que es una apuesta arriesgada porque es como hacer equilibrios con distintos aros usando partes del cuerpo que no se suelen mover a la vez.
En un momento dado uno se pregunta si estamos ante un texto surreal o si se trata de una novela del absurdo. El caso es que todo esto me ha mantenido, como lector, atento, pero también un poco preocupado, temiendo por la integridad del conjunto y si al final el arriesgado autor mantendría el tipo. Parecía como si salir airoso de esa situación requiriese un salto mortal.
El recurso al sueño y al despertar es lo que para mí coloca a este relato en el apartado de novela-drama. La revelación de que se trata de un sueño nos despierta, y entendemos que hay que volver al planteamiento inicial de un protagonista muy, muy tenso y muy nervioso porque ha organizado un evento donde parece jugarse mucho. Esa línea argumental me cuadra: una fiesta organizada para reencontrarse con el pasado adolescente recordado como juego desenfadado, una reedición tal vez de la infancia idealizada, que necesariamente arrastra consigo el lado oscuro, los fantasmas oscuros y ocultos que habitaron allí. Pero como todo no es más que un sueño, podemos apelar al valor premonitorio que todo el mundo parece concederle a éste y pensar que, o bien la pesadilla exorciza el conflicto y de buena se ha librado Mo, o bien éste no termina de enterarse de nada y podemos compadecerle sabiendo que de una u otra forma se le va a estropear la fiesta.
LA MADRIGUERA DE SOFÍA, hasta que no se termina de leer no se aprecia suficientemente el equívoco del título, que para mí es un hallazgo. La madriguera es el lugar de encierro de Sofía, ¿porque ella encierra allí a Antonio, o porque es ella la que está encerrada dentro? Lo que está claro es que se trata de un relato de encierro, la lucha angustiosa de dos personajes atrapados en una situación que es ya un círculo vicioso y que les lleva siempre a un sinsalida. No podemos aguantar más, pero no podemos salir, ya es suficiente pero todavía no, secuestrados en su propio hábitat. Claro que al ser Antonio el que cuenta la historia es de él del que más cosas sabemos. Olvido de llaves, oposiciones, cotidianidad morosamente descrita, morosamente vivida: metáforas de un tiempo acorralado sin vocación de transcurrir, presente vacío vivido con ahogo, situación opresiva. El lector termina entendiendo que esa es la situación del narrador que tiñe toda su experiencia y por supuesto también su experiencia de pareja. “Suspendido en el tiempo, ausente, deja pasar los días”. Habitante pues de un espacio insignificante.
Desde el punto de vista literario, sorprende esa minuciosidad que se detiene en la descripción de cualquier nimio detalle de la conducta del personaje y transmite al lector el mismo agobio del que el narrador nos habla. No pasa nada pero todo el tiempo del relato y del protagonista está lleno de una sobreabundancia de gestiones rutinarias que sólo pueden romperse cuando algo, digamos “sintomático”, ocurre, como el olvido de llaves o el recurso a una desesperada sexualidad quasi instrumental, reclamada para abrir ventanas en el muro de esa existencia plana. Sólo el recuerdo de los sueños (donde parecen refugiarse el gusto por la aventura y la intensidad de la acción) o de la infancia aportan un poco de aire puro a una experiencia inmovilizada en el impasse que supone la imposibilidad de adaptarse a un discurso común, unida al hecho de no tener la más remota idea de cómo encarar un proyecto propio. También es por esto que la llamo novela-drama. Ese estar atrapado en la inercia y la imposibilidad de acción lleva al protagonista a la agonía del síntoma, que no hace sino reforzar ese circuito, y a la hipertrofia de lo cotidiano, que lo conduce por agotamiento a la sobreadaptación. Bueno, el autor le regala una tregua en este caso, introduciendo una esperanza… Como simpatizamos con el protagonista, deseamos que no se trate aquí de un tiempo muerto. Al abrigo de esta simpatía, querríamos para él una experiencia que vigorice su deseo y lo embarque en la línea de la acción. Porque este agotamiento existencial lleva consigo el riesgo de confundirse con la vida interior, lo que podría enfrascarle en los extravíos de esa subjetividad que parasita al hombre moderno. Del mismo modo que la inercia repetitiva no tiene nada que ver con el eterno retorno, el atracón neurótico de fantasmas desvitalizados no tiene nada que ver con la vida interior que nace de la buena digestión de los escombros de la biografía, exige el concurso de la agilidad de los sentidos y prefiere al pensamiento la revelación.
De esto sabéis los artistas…Felicidades y enhorabuena. Espero que tu libro obtenga tanto respeto de los lectores como el que tú has puesto en juego al escribirlo. Respeto de una vocación de escritor que no se rinde, que no se agota, apuntándose tantos cada vez que, después de luchar por ellos, un libro tuyo se pone a circular.
Escrito por ... Miguel V.
El yo escribidor de Juan Liaño Liaño

"Mo necesita espacio, pero nada de lo que hace para matar el tiempo le sirve"

Una nueva "nivola" de Liaño es un acontecimiento literario en sí mismo. Y es que JLL necesita todo el espacio y todo el tiempo del mundo, no para matar el tiempo, sino para darle salida a las historias, que a lo largo de su dilatado currículo profesional han ido tomando cuerpo en su vida y que aquí y ahora, de forma torrencial, entrelazadas, se dializan en su teclado a la manera de los tejedores de Chaouen. Porque JLL tiene el don de las bilocaciones de las santas que lo mismo atendían el convento en Andalucía que seguían ocupándose de sus asuntos en ultramar. La difícil facilidad de JLL para la narrativa es tanta que no asombra su lectura como no asombra las historias de Herzog transportando un barco por la montaña o Melquiades apareciendo en Macondo con un iceberg.
Sus novelas ríos me recuerdan a los novelistas que cada día se sentaban allá donde les pillara a escribir el capítulo que saldría a la mañana siguiente en el periódico y que los lectores devoraban con la misma facilidad que habían sido matemáticamente resueltos.
"Me devora mi miedo devorador a ser devorado por tu miedo devorador a que te devore", escribía R.D.Laing en el interior del mítico Lp de Veneno allá por 1977. Del mismo modo que tocaban los hermanos Amador o cantaba Kiko Veneno, me imagino a JLL delante de la máquina de escribir.
Disfrutemos de una nueva entrega de este genial prosista. Salud y Poesía, querido Juan. Que el tiempo sea benévolo contigo y con nosotros, tus lectores, para que puedas seguir no matando el tiempo con tu prosa y nosotros leyéndote y creciendo